jueves, 22 de marzo de 2007

Relato Erotico


GALERIAS


Esto le sucedio a una amiga de internet checa el dato:


Relato erótico: Polvazo con el chico del súper


La verdad es que lo más cómodo de comprar en ese supermercado era la rapidez con la que traían el pedido al domicilio y la diferencia enorme de precios con los demás de la zona. Ese sábado fui a primera hora a comprar las cosas necesarias para la semana y de ahí me fui corriendo a casa a esperar todo, sabiendo que llegarían enseguida.

A los veinte minutos de llegar a mi casa sonó el timbre y era el repartidor. Me dio algo de pena la cantidad de cosas que traía, la cantidad de canastos que debía cargar y me dispuse a ayudarlo porque me inspiraba ternura su carita y su físico desvalido (parecía que no resistiría el peso de tantos canastos). Mientras descargábamos todo, me comentó que siempre le tocaba esa zona de reparto, que tenía 18 años y que se casaría dentro de un año, que por eso estaba juntando dinero extra y trabajaba en el súper, aunque su vocación real eran los aviones y su sueño pilotarlos algún día. Sinceramente era una criatura muy simpática así que le di una buena propina y nos despedimos hasta la próxima vez, seguros de vernos en el próximo reparto de la semana entrante.


A la semana siguiente fui al súper para hacer la compra semanal y me avisaron que el pedido tardaría una hora en ser entregado porque había poca gente para la distribución en relación con la cantidad que debían llevar. La verdad es que no me preocupó porque eso me daba margen para ducharme antes de que llegaran. Así fue como me dispuse a darme un buen baño de inmersión. Llené la bañera de sales, coloqué un par de velas perfumadas en el baño y música suave llegaba desde mi cuarto. Creo que me relajé tanto que me quedé adormecida en el agua, porque me sobresaltó el timbre de la puerta que sonaba furiosamente. Ahí reaccioné y me di cuenta de que seguramente era el chico de la semana pasada que me traía las cosas del súper. Me envolví en una toalla y así, mojada como estaba, abrí la puerta.

Enrome fue mi sorpresa cuando vi a un chaval que no tenía nada que ver con el de la otra semana, que me traía los canastos repletos de comida, bebida y artículos de limpieza. Cuando comprendí que no era el pequeñito angelical del otro día, también entendí que yo estaba semidesnuda frente a un hombre enorme, de ojos negros, cabello del mismo color completamente rizado y un físico muy atractivo, al que no le costaba en lo más mínimo levantar cada uno de esos canastos. Fue increíble la reacción de mi cuerpo ante su mirada. Los dos nos quedamos parados en el vano de la puerta cuando la abrí, con los ojos clavados en el otro porque ninguno esperaba a la persona que tenía al otro lado. La toalla que tenía cubriéndome el cuerpo parecía invisible ante los ojos de él, porque me sentí desnuda y el frío que me recorrió completa era efecto de esos ojos negros que no se iban de mí. Lo invité a pasar hacia la cocina para poder dejar las cosas y le pregunté por que no había venido el otro chico, a lo que me respondió que estaba destinado a otra zona por ese día solo, porque los pedidos se habían desbordado y tenían que reorganizarlo todo. Mientras decía esto iba dejando suavemente los paquetes sobre la mesa de la cocina y al hacerlo su cuerpo se movía suavemente, tenía un color de piel aceitunado, sus músculos se resaltaban en cada gesto y despedía un olor a desodorante de hombre muy excitante.

continuara...

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